Es un insecto hematófago, es decir, se alimenta de sangre.
Como todo insecto es ovíparo. Existen más de cien
especies de vinchucas y sólo 16 de ellas viven en Argentina.
En Argentina hay sólo una especie de vinchuca que convive
con el hombre en el interior de las viviendas, se alimenta con
su sangre y transmite la dolencia en cuestión a través
de sus deyecciones: el TRIATOMA INFESTANS.
Se trata del insecto vector o agente transmisor o huésped
intermediario del Trypanosoma Cruzi.
El cuerpo de una vinchuca adulta está compuesto por tres
regiones: cabeza, tórax y abdomen. La cabeza posee los
órganos sensoriales, en el tórax están
insertados los órganos locomotores y en el abdomen, el
aparato reproductor y las aberturas respiratorias.
La cabeza es alargada, fusiforme en la mayoría
de las especies. Posee un par de ojos compuestos, que son globosos
y salientes, un par de ojos menores, los ocelos y un par de
antenas, órganos receptores de sensaciones no determinadas.
Como continuación de la cabeza, pero normalmente
plegado sobre la parte inferior se ve una especie de pico recto,
el que es tan largo como la cabeza. En la cara ventral del tórax,
se insertan las patas que son delgadas y largas. Gran parte
del dorso del abdomen está cubierto por las alas. Queda
descubierto el conexivo, que es el reborde que rodea el abdomen
y se destaca por mostrar manchas transversales claras, característica
muy importante para identificar las vinchucas.
La diferencia más notoria se observa en el pico, que
en las vinchucas es recto y en los otros, curvo. Hay también
chinches fitófagas que con frecuencia se confunden con
vinchucas, en estos casos el pico también permite diferenciarlos:
en las vinchucas es corto y consta de tres segmentos mientras
que en las chinches es más largo y de cuatro segmentos.
Hay otra forma forma de diferencias a la vinchuca de los insectos
que se le parecen mucho. Se la debe colocar con cuidado entre
dos papeles blancos, apretar bien y si de sus intestinos sale
sangre o una sustancia marrón oscura es una vinchuca.
Si sale de color verde o amarillento, se trata de un insecto
herbívoro o fitófago.
La hembra pone hasta 200 huevos de forma elíptica, de
color claro, de alrededor de 1 mm de largo, que tiene una tapita
llamada opérculo. Estos huevos son depositados en la
tierra, en las grietas de las paredes o en otros lugares más
o menos ocultos. El período de incubación depende
de la temperatura ambiente, pero oscila entre 10 y 40 días.
A medida que el embrión se desarrolla, los huevos adquieren
una coloración rosada y es posible ver, por transparencia,
los ojos de la futura vinchuca. Luego de nacer y hasta alcanzar
el estado adulto, el animal experimenta una serie de transformaciones,
proceso que se denomina "metamorfosis" y que tiene
una duración variable en relación con la temperatura,
la humedad y la alimentación.
Inicialmente, el insecto tiene unos tres milímetros
de largo, es muy parecido al adulto, pero carece de alas. Durante
esta fase de su metamorfosis recibe el nombre de "chinche
pila". Unas semanas después, la ninfa muda de piel,
aumenta de tamaño, pero carece aun de alas. Las mudas
se repiten cuatro veces y dan origen cada una de ellas a una
ninfa cada vez mayor. Con la quinta muda aparece la ninfa mayor,
con alas y el insecto adquiere su aspecto definitivo.
Todo este proceso dura alrededor de siete meses.
La vida del adulto es de unos quince meses. Desde su primera
transformación, la vinchuca se alimenta de vertebrados
de sangre caliente (gallinas, palomas, caballos, humanos, etc.).
Para vivir, la vinchuca se alimenta, desde que nace hasta que
muere, exclusivamente con sangre humana o de animal de sangre
caliente. Para obtener su ración alimenticia, llega hasta
su presa, que generalmente esta inmóvil por el sueño,
despliega su trompa e inserta los estiletes bucales en la piel
de la víctima. Como la picadura es indolora, el insecto
dispone de tranquilidad para sorber durante todo el tiempo que
le sea necesario la cantidad de sangre hasta hartarse (que es
de alrededor de medio centímetro cúbico cada vez).
Como absorbe hasta que está repleta, es incapaz de volar.
Por eso regresa caminando lenta y torpemente hasta su refugio
habitual. Es impresionante calcular la cantidad de sangre humana
o animal que hace falta para alimentar diariamente a los millones
de vinchucas que infestan el país. La ingestión
de estos insectos tiene una particularidad: se efectúa
únicamente de noche. En efecto, las vinchucas solamente
cenan. El motivo de este hábito es que rehuyen a la luz.
De día nunca salen de sus escondrijos. Se explica de
esta manera una frecuente costumbre que se ve en viviendas de
zonas rurales: la presencia de luz para ahuyentar las vinchucas.
En las viviendas, la presencia de la vinchuca es relativamente
fácil de descubrir: numerosas deyecciones de color blanco
amarillento y negro salpican las paredes.
En gallineros, palomares, conejeras, dormideros protegidos de
otros animales, cuevas, nidos, etc.
Si consideramos la vivienda del hombre, vemos
que no cualquiera es elegida por la vinchuca. Elige las que
tengan características especiales, favorecedoras de sus
hábitos. El insecto se refugia principalmente en las
grietas de los pisos y paredes, detrás de muebles u objetos
nunca cambiados de lugar, zonas que no son periódicamente
aseadas, debajo de la cubierta de techos o paredes que ofrezcan
resquicios, especialmente entre el "empajado" de quinchos
y ranchos y en las soluciones de continuidad de paredes de adobe
mal embarradas o sin revocar. Los depósitos poco removidos,
donde se guardan aparejos, cojinillos diversos, baúles
y cajones, gozan también de su predilección. Durante
las mudanzas o cambios se favorece la dispersión de la
vinchuca, que llega así a nuevas casas que se suponen
relativamente aisladas.
“En el norte argentino, la carrera
de vinchucas era algo común y corriente.
Los más chiquitos tomaban a los bichos
y los guardaban en cajas. Por la noche, con
la complicidad de las penumbras, los soltaban
y los azuzaban con luces de velas. Y los insectos
correteaban quien sabe hasta donde para huir
de los destellos. Ganaba el más veloz
y seguro que por ahí perdía alguno
de los chicos traviesos: si alguno recibía
una picadura, podía metérsele
en el cuerpo el Mal de Chagas”.
“Los chicos usan las vinchucas como
bolitas porque luego de alimentarse ellas engordan
y parecen bolitas”.