El
profesor brasilero Carlos Chagas nació en la ciudad de
Oliveira, Estado de Minas Geraes, un 25 de mayo de 1879. Su
sueño de ser médico lo concretó en la Facultad
de Medicina de Río de Janeiro, en donde sus compañeros
quedaban atónitos ante su capacidad y vocación
por curar.
Larga fue su recorrida por el mundo de la medicina. Podemos
citar como parte de su currículum las siguientes experiencias:
1904
– Designado médico de hospitales de la
Dirección General de Salud Pública.
1905 – Encabeza la Comisión de Estudios
de Profilaxis contra la malaria, en Minas Geraes. 1908
– Es también nombrado asistente del Instituto
Oswaldo Cruz y dos años después asciende a jefe
del servicio del mismo instituto.
1912 - Dirige una misión de Estudios en el Estado
de Amazonas. 1917 - Continuando con su
destacada trayectoria, es nombrado director del Instituto Oswaldo
Cruz. 1919 – Lo designan director
general de Salud Pública y exactamente en la misma fecha
pero un año después, pasa a ocupar el mismo puesto
pero en el Departamento Nacional de Salud Pública. 1925 – El gobierno lo distingue como
profesor de Medicina Tropical de la Universidad de Río
de Janeiro y el mismo año es electo miembro permanente
del Comité de Higiene de la Sociedad de las Naciones.
Cuanta profesión caminada! Pero siguen sus logros...
1933 – Es designado por el Comité de Higiene
de Ginebra para el cargo de director técnico del Instituto
Internacional de la Lepra.
Sin dudas,
Carlos Chagas es merecedor de un descubrimiento notable y sin
igual en los dominios de la medicina: el de la tripanosomiasis
americana, entidad muerta de existencia totalmente desconocida
y no sospechada antes de que él la revelase a todo el
mundo científico. En dicho descubrimiento no tuvo precursores
ni colaboradores: la obra es totalmente suya y a él va
nuestro profundo reconocimiento como el padre descubridor de
las investigaciones en esta enfermedad de la pobreza.
El era
entonces un joven científico inquieto y comisionado por
el Ministerio de Salud Pública de Brasil para estudiar
la presencia de focos de paludismo en el nordeste de este país.
Haciendo este trabajo se dio cuenta de que los enfermos presentaban
en la sangre un parásito, tripanosoma, al cual denominó
cruzi en honor al investigador brasileño Oswaldo Cruz.
Infectó y reprodujo en monos la enfermedad que él
observaba en humanos mediante la inoculación de tripanosomas
extraídos de la sangre de sus pacientes. Cumplió
así los postulados clásicos necesarios para caracterizar
a una enfermedad infecciosa: el aislamiento del germen, su asociación
con manifestaciones y lesiones que se reiteran y finalmente
la reproducción de la enfermedad mediante la inoculación
del germen a un animal.
No sólo
descubrió y aisló una entidad clínica,
sino que además creó un capítulo entero
de la medicina: etimología patógena, anatomía
patológica, mitomastologia, con sus respectivas formas
clínicas, de determinación del insecto transmisor,
de los depositarios de los virus, del modo de diseminación
y consecuente profilaxis.
Este
descubrimiento de la tripanosomiasis americana, realizado en
el interior de Brasil, repercutió más tarde en
toda América donde se encontraron numerosos casos (Argentina,
EE.UU., Venezuela). Y en reconocimiento a ello, Carlos Chagas
pudo obtener el premio Shaudinn como autor del mejor trabajo
en ese año (1909) sobre microbiología.
Colaboró en revistas científicas de todo el mundo
y dio conferencias en América y Europa donde es considerado
como una de las mayores figuras de la Medicina actual.
Representó
a Brasil en numerosas ocasiones en comisiones científicas
en el exterior. Como responsable de higiene, dirigió
personalmente campañas preventivas contra la peste y
el paludismo, introdujendo una nueva orientación. La
importancia de este concepto fundamental, creó nuevas
bases para el combate contra la malaria.
Autoridad
mundial en cuestiones de higiene, su palabra fue siempre oída
con respeto en los consejos nacionales y extranjeros. En Brasil,
reformó el servicio de higiene, creó un nuevo
código sanitario, considerado en la época (1923)
como uno de los más perfectos.
No solo
fue un orientador de las nuevas generaciones de médicos
brasileños, sino también de los extranjeros, entre
los que se encontraba el argentino Salvador Mazza, otro ferviente
luchador del Chagas.